"Extraño a los gusanos y a los cretinos, no creo que sean malas personas, sólo creo que tienen miedo".
Ayer ví la última película de Woody Allen y me hace pensar varias cosas:
Cuando leo los guiónes que escriben mis amigos y la banda de las escuelas de cine encuentro que el problema más grande es lo guango de los dialogos, cosa que quieren disimular con hartos detalles, obvios e inutiles. Teniendo algo que decir (divertido, inteligente, cínico) puedes poner a un personaje a hablar durante cinco minutos frente a la cámara sin que suceda absolutamente nada y tenerlos en la baba o puedes hacer tus dialogos acartonados con escenario condechi en el que básicamente cuentas que la gente no tiene nada que contar y todos en esta ciudad son una bola de zombies imbéciles.
Cuando acabó la película Sirako, Karla y yo nos miramos sonrientes y con los ojos satisfechos, el señor Allen había hecho nuevamente de las suyas.
Es claro que Woody Allen es ahora más que un hombre mayor que disfruta de la presencia de los jóvenes y de vaciarnos su sabiduria en cuanto a lo complicado (y no) de las relaciones humanas. Las cosas son lo que son: me explicaba Martha el domingo. “La lucha es siempre por creernos magos y pretender convertir un lápiz en una pluma. si es un lápiz, úsalo como lápiz, úsalo como lo que el quiera ser (decía). Lo que sea sirve ” Y justamente así es como se llama la película.
>Mich Furlong (y las casualidades que desembocan en entropía)
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