27 de septiembre de 2009

AY LOS BEBÉS...




Cuando nació Amelié. el aire alrededor de los Furlong cambió por completo.
No era una bebé lo que se dice planeado, pero un segundo después de que mi hermana nos comunicó que había decidido tenerla empezamos a esperarla, a amarla y a proyectar un montón de cosas. Todo eso que los bebés provocan.

Lo que más ha llamado mi atención desde que nació es imaginar que un día nosotros también llegamos a este universo con el disco duro en blanco.
Alguien nos enseñó a caminar, a tomar la cuchara, a beber del vaso, a levantarnos del piso, a limpiarnos la cara, a lavarnos las manos a pedir comida, a pedir agua.
Estos días en que Amelié ya va al kinder, ha empezado a saber el nombre de los colores, aunque todo para ella es AZUL, imita los berrinches de sus compañeros bebés, saluda a los árboles, reconoce a Homero Simpson, sabe nombrar a algunos animales, dice que NO a casi todo lo que se le pregunta y ha desarrollado una adicción por dar paseos con el abuelo BETOTE, quien feliz de la vida la lleva a comprar MAZAPANES.
¿Quién y cómo nos enseño a nombrar las cosas que conocemos y que usamos? ¿Que tal si el azul no se llamara azul? ¿Cuando fue la primera vez que sentimos odio y pudimos nombrarlo? ¿Cómo fue que a esa cosquilla en la panza la denominamos deseo y no hambre?
Los niños tienen muchas ventajas. Nosotros estamos, creo, a veces, un poco limitados.


Mich Furlong (y esas cosas que la alejan de coquetear con el suicidio)

2 comentarios:

El Contador Ilustrado dijo...

yo difiero

MICHELLE FURLONG dijo...

hace cuanto que no convives con un bebe?