
“Es mejor quedarse mirando el cielo que vivir allí arriba. Es un sitio tremendamente vacío. No es mas que el país donde corre el trueno y todo desaparece.” H.G.
Truman Capote escribió una novela sobre la mujer contemporánea en 1958.
Holly Golightly es una mujer joven sin edad, que vive en un pequeño departamento, con un gato sin nombre, rodeada de cierto tipo de fama, montones de "amigos" y montones de coctéles mañaneros.
Breakfast at Tiffany’s es también una referencia a un mundo completamente rosado y oscuro de lo que se conoce como femenino. Es una agridulce mezcla de momentos aparentemente frívolos-fashion como son los vestidos haut cuture, cabellos perfumados, el disfraz cosmético, gafas de sol, fiestas elegantes y de la falta de un auténtico compañero de vida, un identidad moldeada, casi robada generadora de misterio. Recuerdos de malos amantes y malvinizas acompañados de un churro de mota cualquier tarde de verano. Todo esto obviamente no podía ser narrado por nadie más que por un fan del mismo edifico, invisible a los ojos de Holly; sorprendido por ese ligero y casi inmoral comportamiento de su vecina, bueno como el pan pero cobarde como el resto de los acompañantes.
Cincuenta y un años después de su publicación no me sorprende que haya sido censurada, no me extraña tampoco que las Carries del mundo sean adictas al cigarro ni que las Penny Lane mallugadas tomen aviones muy lejos siempre que necesiten empezar desde el principio. No se les ocurrió a ellas, pero...
Desde muchos ayeres las mujeres complejas saben que casi siempre preferirían “enfrentarse a la gorda” antes de ver a su rival paseando su tartamudez en Tifanny`s y sobre todo ya saben que no están tan solas.
Michelle Furlong
3 comentarios:
Que poco originales son las mujeres, todas le copiaron a Capote la idea de estar gordas.
pero tu no estas gorda, solo tienes que reafirmar tu busto flácido!
:D
pero tu no estas gorda, solo tienes que reafirmar tu busto flácido!
:D
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