5 de diciembre de 2006

MI LENGUA ENTRE TUS PIERNAS


No recuerdo como fue… la recuerdo a ella… la recuerdo quejándose de todo… de mí, de ella, de las otras… de todo… ha llegado la hora…
El problema ahora -porque lo hubo antes, lo ha habido siempre- es que no tengo nada (tampoco eso es raro).
Simple.
No hay nada que venga a mi cabeza y la motive a funcionar. Estoy. Pienso. No hay ningún catalizador, no ahora. Lo veo en la parte inferior derecha del monitor, bueno lo asumo porque no lo veo. No está aunque vive, es raro. En fin.

Me veo en el reflejo de un espejo que a veces hace de ventana y viceversa (sí, en ese orden y no al revés, aunque suene extraño).
Sigo pensando… hablo con un chico, pienso en otro… trabajo. Me irrito.


Hoy ha sido un día de gran sensibilidad. Hubo alguien. Sí, lo hubo. Estuvo
cerca de mí, tan cerca. Lo sé lejos, más de lo que él cree.
Hoy soy sensible.
Respiró a un lado de mí. Estaba humeda.
Olía a café, el lugar sólo el lugar. Nos despedimos.


¡Quiero decir tanto!
Y no quiero que sepan nada…

- ¿Sigue aquí?
- No.
- Se ha ido, no ha dicho nada. No a mí. Nada
¿Nada? Puedes pensar que es “nada”, yo me siento como nada.

Estoy celosa. Lo estoy, celosa de mí de lo que pienso de lo que leo. Lo
estoy.

- ¿Sabes que son los celos?

Yo tampoco…. Me quedé callada y decidí no contestar.

Y este vaivén de ideas… sigue su ritmo… no quiero fallar, tampoco fallarte. Heme aquí escribiendo, para mí y por ti.

Sí. Es cierto. Hoy tengo pensamientos sucios, es culpa de la última llamada que recibí anoche. No era quien esperaba pero tampoco dijo lo que esperaba y no me esperaba sentir la rigidez en mi cuerpo en medio de mis sábanas. Cambia esperar por desear, ¿se acomoda? No, sólo la primera.

Mi respiración tiene la constancia que imita mis pensamientos, son impersonales.
También te tengo en mi mente, te fuiste (porque los dos y muchas más sabemos que estuviste). Eres parte de mi pensamiento perse, no creo que lo sepas, tampoco me interesa. Tu sí.

Soy complicada.

Apareces de nuevo ¿intentas presionarme? No. No lo harías. Estas ansiosa. Estoy terminando, te darás cuenta.

También, él se ha ido.
Regreso, leo, recuerdo: Mi lengua entre tus piernas. Me gusta, me gustas.

Lo mejor es sentirme en un rincón cerca de ti, oscuro tanto como lo tengas
planeado. Eres el único que puede definirlo, lo acepto y asumo sin preguntar. Me
excita. No, esta vez no estoy humeda, tampoco me he erizado, pero en mi cabeza tengo imágenes poco claras, sensitivas ¿es posible?


Sí, tanto como lo es que me olvidaste.


El rincón. Me excita.


El rincón como idea... como un rollo de estar atrapada sin tener a donde ir y con ese pretexto formar parte... el sillón del que otro se ha apropiado. en sueños, pero que siente reales… Te deseo.



Y entonces preguntó:
- ¿Sabes que me compré?- Por supuesto no lo sabía y no mentí.
Me dijo:
- Lo compré en un acto- Y sólo pensé ¿qué es lo único necesario en el momento del acto? Por supuesto contesté, más por reir que por atinar.


Le pedí que se fuera, que me dejará. Lo hizo, no fui feliz pero estaba en paz.


Gracias por la invitación, al fin. Fue una promesa y está cumplida.




No hay comentarios.: